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viernes, 20 de diciembre de 2013

(¿)Ciertas(?) cuestiones

Ciertas cuestiones gastronómicas,
o puede mas bien que fisiológicas,
me han llevado a plantearme
algunas ideas bastante lógicas.

Les hablo de algo poco poético,
de nombre pota, raba, o jugo gástrico
en el suelo. Acto harto comparado
con eso de llenar el folio de sentido.

Y es que me preguntan por mi felicidad
al escribir mis infinitas boberías.
Pues parece teñida de dolores,
de oscuridad y aflicciones, la obra mía.

Por eso hablaba al principio del comer,
para explicarles, con concisión,
que uno no vomita lo que quiere
guardar dentro del estómago, o el corazón.

Y ahora que termino me pregunto:
¿No será para el paladar un gusto
si lo rico ingerido, dulce o salado,
regresase a la boca vomitado?

domingo, 15 de diciembre de 2013

Tal vez

Yo no me planteaba lo que era la vida.
Para mi las cosas no eran tan complicadas.
Solo pasaba por allí, mientras reía.

Y ahora mírame, ¿no ves ese aura negra?
Puede que ni siquiera esté, que sean "cosas mías",
que siempre hay quien esté peor…

Así averigüé que soy egoísta, no me importa
el tamaño de las llamas de sus infiernos;
las pequeñas que hay en el mío también queman.

Tal vez, y solo tal vez,
será cuando deje de escribir
con dedos negros de carbón,
cuando acabe el malvivir
y suene una buena canción.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Que espere Morfeo

Me espera Morfeo,
me obliga la vida,
que no elegí y no quiero, mas
habré de afrontar el nuevo día.

Y es ahora cuando me gustaría
gritar desde mi cama a los dioses
que me dejen tranquilo
que yo quiero seguir quijotes.

No deseo. No deseo.
Solo quiero seguir así: acostado,
ojo abierto, ojo abierto
y una lagrima cayendo a un lado.

Y me espera Morfeo,
mas le digo con galantería,
que se vaya a tomar por culo
que yo quiero escribir poesía.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Golpea el espejo, y que reviente.

Estrellarse contra el espejo no es un chiste,
es poesía.

Estrellarse contra el espejo es la imagen de nuestro fracaso,
la imagen de nuestra auto-derrota, de nuestro auto-odio.

Es la historia de un error,
de un camino perdido,
de una derrota sin sentido.

Es la historia de una lucha de quién no sabe con quién pelea,
y gana.

Es la guerra y los miles de hermanos muertos,
réplicas de tu persona y de tu ingenuidad y desorientación.

Es la historia de un mundo intoxicado,
envenenado de humo y mentiras,
de vacío e hipocresía.

Estrellarse contra el espejo no es un chiste,
es poesía.

Y este texto, disculpen,
es un chiste, no poesía.

Viajo solo, ¿me acompaña?

Aprieto el botón, abro el libro,
me sumerjo y nado, salto y vuelo,
filtro mis pulmones y ensucio el aire,
reviento pleno de euforia.

Viajo solo, rodeado,
pienso, incluso filosofo.
Olvido, miento y repito,
el juego de nunca acabar.

Siento fuego, frio, invierno,
veo humo, pasión, valentía y nunca tedio,
envidio, rio y empatizo,
me prometo y me fallo, pues me engaño.

Y regreso a mi planeta,
de cruda y fría realidad,
extasiado por la droga,
mas malvada y adictiva,
que suponen las historias,
de geniales genios locos,
mas preciosas y divinas,
más diabólicas y malignas.

domingo, 10 de noviembre de 2013

La ladera

Cara inmaculada. Y eso que venía de despeñarse por todas las rocas de la ladera. Llevaban horas corriendo, ella no sabía a dónde, y él, en línea recta hacia ella. La loca carrera en la que participaban les había llevado hasta la montaña, y la habían subido sin detenerse ni un segundo, sin bajar el ritmo. El corazón en el pecho de él habría reventado si le perteneciera, y, aun cuando todos los músculos del cuerpo amenazaban con romperse, corría tras la estela que el vestido blanco de ella dejaba. Olía a dulzura y abandono. Le embriagaba. Y corría.

La había visto tropezar y rodar por el suelo, golpearse la cara con ramas de los pinos, había encontrado jirones de su vestido enganchados al tronco de un árbol. Pero ella seguía corriendo, y él no iba a parar; no pensó en rendirse ni un segundo, pese a todas las alertas de su cuerpo no pensó en detenerse, no hubo momento en el que desfalleciera su alma… hasta que desapareció.

¡Solo había cerrado los ojos un segundo! Su corazón paró, los pulmones dejaron de filtrar aire, la brisa no arrancaba estímulo alguno de su piel, sus oídos se apagaron y un zumbido llenó su cráneo; solo sus ojos continuaban con su trabajo, buscándola. En su desesperación, no se dio cuenta de que su mirada se oscurecía hasta que dejó por completo de ver, y entonces todo el peso del mundo se volcó sobre su espalda.

Sin energía ni destino, las piernas desfallecieron, y él fue a dar de bruces contra el suelo. Notó que se había roto la nariz cuando la sangre ya llegaba casi al pecho. Y pensó en ella, y en que era mejor morir que no volver a verla. La perspectiva de una vida sin ella le asustaba más que la mismísima muerte. Y una mano le tocó el hombro y el corazón volvió a bombear. Y él abrió los ojos, encandilados por cambiar la más densa de las oscuridades por la más potente de las luces.

Y la vio.

Hermosa. Resplandeciente. Única. Con la cara inmaculada. Y eso que venía de despeñarse por todas las rocas de la ladera.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Gris, color de Historia

Fantasmales brigadas de las SS aún caminaban por entre la etérea neblina de Cracovia, dejando un rastro de barro sobre la capa de nieve que arropaba el frio suelo. Siguiendo esta estela caminaba la gente fría -aunque afable- que puebla Polonia, con prisa, casi con miedo. La sensación invasiva de estar en la trinchera, jadeando tras la batalla, era inevitable, las calles estaban salpicadas de un gris de tristeza y miedo, las paredes del barrio judío parecían llorar al hacer memoria de todo lo que habían sido testigos… 

No me malinterpreten, tanto la ciudad como sus habitantes permiten y aman la alegría, cuentan chistes, ríen, besan, beben –vodzka esencialmente- y resultan gratamente agradables, personas educadas que viven entre dos tierras, punto de encuentro de la cultura y la guerra. Pero uno no puede deshacerse nunca de la congoja que produce el torrente histórico de Cracovia. Todo a la vista evoca imágenes en nuestra mente, todo recuerda a la prodigiosa película de Spielberg, no es posible evitar ver cómo la ciudad se hace enorme a tu alrededor, como un imponente druida repleto de saber e historias que contar. Una ciudad que recuerda y calla, tal y como callaba la mayor parte de la ciudadanía, ajena a las reivindicaciones de su ancianos, que protestaban contra la bajada de las pensiones en Rynek, con una escolta policial mayor en número que el de los integrantes de la manifestación. Rynek Główny –Plaza del mercado- es el centro neurálgico de una ciudad que además de acongojar el alma también sabe reconfortarla, con gastronomía peculiar como el Pierogi –unos ravioli grandes y fritos que pueden estar rellenos de carne, queso, col, patata…- con los extraordinariamente bajos precios de la vida en general, y con un variado y maravilloso ocio nocturno que, para algunas guías, resulta el mejor de todo el país. 

Cracovia es la Barcelona polaca, así que pueden esperar encontrar de todo, desde las clásicas cadenas de comida rápida hasta lo que bien podría ser el pantumaca de los polacos, el zapiekanka, un pan-pizza que destaca por ser enorme y, desde luego, muy económico. Entre otros lugares de los que disfruté me gustaría mencionar las cafeterías judías, con tanta personalidad como historia tiene la ciudad. Paraíso de universitarios, parejas, y familias, en Cracovia hay de sobra para satisfacer cualquier necesidad, locales de ocio de diferentes estilos y con horarios hasta el amanecer, hostales que ofrecen muy buenas habitaciones a bajo precio, importantes y atractivos lugares que visitar, enormes parques por los que pasear o dejar a los niños jugar con la nieve –por supuesto solo en un invierno que alcanza los 20º bajo cero-, es divertida, cultural e infinitamente hermosa. La ciudad cuenta con gran cantidad de magia, que puedes experimentar en el verde –o blanco- camino  junto al río Vístula, dónde incluso cruzarás tus pasos con los de un dragón que escupe fuego periódicamente.

La actividad cracoviana se reparte entre las veinticuatro horas del reloj, pero cabe destacar que su horario dista mucho del nuestro. Al más puro estilo Británico –a decir verdad solo Italia y España mantenemos el horario de las horas tardes en Europa- los Polacos comen y cenan más temprano, y tanto los restaurantes –no todos- cómo los monumentos o museos cierran más temprano. Por lo tanto, será mejor que aprovechemos el brillo matinal de la ciudad para los menesteres más estrictos de horario y dejemos el paseo simbiótico para el atardecer, cuando la ciudad parece estar más despierta.

Cracovia es una ciudad que regula el Ying y el Yang del alma, una ciudad en la que se siente cada segundo y mientras, suena un violín o un acordeón de fondo y las paredes de majestuosos lugares –la catedral y el castillo de Wawel, el barrio Judío, la fábrica de Schindler o el cementerio judío- cuentan las más bellas y las más terribles historias. Por supuesto también está Auschwitz, pero Auschwitz es otro lugar. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

La varita de Dalí

Todo estaba preparado. Sobre la mesa las cartas, en su mente el éxito, en la de su público la expectación y las ganas. En sus labios, las palabras del hechizo jugueteaban ansiosas, y allí donde se almacena la magia la aguja marcaba "lleno". Había hecho ese truco 100 veces; nada podía salir mal. Aun así, cerró los ojos, y rezó por que saliese bien. Espiró. Inspiró. Y volvió a espirar. Entonces, cuando sintió la magia salir de su pecho, pronunció las palabras mágicas. Pero una sombra asoló su mente y sus pensamientos colisionaron. Nadie aplaudió. La magia se evaporó. La varita no funcionó.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Invisible

Sonaba un Vals en el local, pero la ambientación era japonesa, estaban en Berlín y ellos no eran de allí. Hablaban de todo, como en todas ocasiones similares, pero sus palabras eran más bien pocas; pues bailaban. Bailaban el peor Vals que jamás se pueda uno imaginar y, sin embargo, su danza continuaba impasible y ellos inmunes a la vergüenza ante la muchedumbre que les rodeaba.

Ella era hermosa, como no se ha visto igual, y también él era hermoso, pero no como ella, pues como se ha dicho, jamás se vio igual. Sus almas habían encontrado una conexión. Una conexión que suponía el orden del caos claramente reflejado en sus pies al bailar, encajando como piezas de un puzle: igualmente mal, así nunca se pisaron. De tal forma ocurría con sus mentes, todo encajaba: era perfecto, como no se ha visto igual mujer, como no se ha visto igual local.

Sus corazones, sincronizados, entendieron que era el momento de salir, pero fue el brazo de él el que suavemente agarró el de ella y la arrastró con dulzura a la calle. Abrigados frente al frío de la noche berlinesa se abrazaron en la puerta de aquel bar que años antes los presentó.  Y se besaron. Y jamás se vio beso igual.

De la mano comenzaron su paseo, y continuaron hablando de todo, esta vez con muchas palabras. Él tenía únicamente ojos para ella, y en ella ocurría exactamente igual con él, la gran puerta de Brandemburgo se convertía en un objeto invisible para ellos, encandilados ambos por el brillo del otro. Continuó así el camino durante largo rato, y ninguno de ellos se percataba de que sin darse cuenta, se hacían tan invisibles como para ellos era todo lo demás. Cruzaban por un puente el río cuando ella lo agarró fuerte del brazo, con la misma fuerza con la que se aferraban sus corazones, lo miró a los ojos y lo vio allí, resplandeciendo como el sol y sin que nadie más pudiera verlo, pronunció unas palabras y se fundieron en un beso sin final. Jamás se les volvió a ver, de la misma forma que jamás se vio amor igual.

domingo, 4 de agosto de 2013

Psicosis

El brillo de la luz era intenso en la habitación. Golpeaba su pómulo derecho y rebotaba en todas las direcciones, contra cada muro, hasta llegar al espejo. Todo parecía un círculo sin final. Tenía la cara grasienta; eso le disgustaba. Decidió que tenía cosas más importantes en las que pensar que en el brillo de su pómulo y entonces reparó en que tenía unas ojeras tan oscuras que no contrastaban apenas con las cejas, colocadas simétricamente justo al otro lado de los ojos. Pero volvió a sentirse estúpido, había cosas más importantes en las que pensar. La puerta se abrió con un fuerte golpe, y un tipo enjuto, con una barba perfectamente recortada y una barriga prominente que destacaba sobre sus delgadas piernas, se introdujo rápidamente en la sala. Sonreía. Nada en el mundo le dolía más que ver a aquel hombre sonreír en ese momento. Pero decidió aguantar la compostura mientras su reciente compañía luchaba con su barriga para sentarse junto a la mesa.

-¿¡Cómo está mi cuñado!?-

sábado, 3 de agosto de 2013

En la mirada de un perro

En la mirada de un perro famélico y legañoso, no del sueño sino del llanto, estallaba un planeta. Mil cargas de diferentes explosivos detonaban en serie y en paralelo: de hambre, de odio, de pena, de soledad, de injusticia, de egoísmo y de banalidad. En la mirada de un perro ardía un planeta azul, verde y marrón, y ardían sus habitantes. Nada, en verdad, ocurría en kilómetros a la redonda, no se alcanzaba a ver ni un poco de nada horrendo, pero como les digo, el mundo ardía ya en la hambrienta y legañosa de tristeza mirada de un perro.

sábado, 8 de junio de 2013

El camino

Abrió aquel libro que había estado tantos años acumulando polvo en la sucia estantería de sus recuerdos. Las tapas gritaron al articular el giro propio del objeto y él tuvo que hacer una fuerza que ningún otro libro que  recordase le había cobrado. Sus manos, sudorosas por el esfuerzo, formaron una mezcla pegajosa con el polvo que cubría aquellas deterioradas tapas que pringó sus dedos. Ojeó las primeras páginas. Por lo que pudo ver, hablaban de un nacimiento pero, llegado el punto más interesante, todo quedaba en blanco. Pasó más páginas y ninguna más estaba escrita; excepto las últimas. Hablaban de una muerte y terminaban con un rotundo punto final. De pronto, lo entendió todo. Buscó en los cajones la vieja pluma de su padre, un objeto de tal elegancia y valor sentimental que siempre guardó como un tesoro. Solo un objeto así derrocharía la nobleza necesaria para aquello que se proponía.

domingo, 26 de mayo de 2013

Sueños y mentiras hacia la muerte

Ya sabéis que me gusta narrar mis historias en tercera persona, parece así que son sucesos más respetables. Tal vez por la posibilidad de lo fantástico a la que invita. Pero hoy no puedo. Sin duda porque mi corazón golpea desde el interior mi pecho, con mucha fuerza, y no puedo evitar decir que es mio, mio y de nadie mas. O tal vez si.

Suena ridículo pero ha sido Hollywood quien ha despertado en mi esa melodía cardíaca ayudado, claro está, por las últimas especias con las que me ha aderezado la vida estos meses. Hoy me he enamorado de la belleza misma, de lo imposible. Hoy he conocido la perfección de la mentira. Hoy he firmado una sentencia de muerte en soledad, y solo me queda esperar que esa sentencia tenga una fecha de caducidad. Y que sea pronto. Por Dios que sea pronto.

viernes, 17 de mayo de 2013

Una simple reflexión para el final


De vez en cuando me gusta preguntarme cómo hemos llegado a esto. Qué extraño impulso nos ha alejado tanto de aquellos árboles por los que hace miles de años trepábamos. Qué estúpido pensamiento nos hace creer que vivimos sanos en ciudades techadas con su propia nube de gas. 

También pienso en el futuro. Y a veces veo un enorme muro que nosotros mismos construimos, sin reparar en que llegará un momento, en el que no nos permitirá pasar. Un momento en el que serán nuestras propias acciones las que nos cierren el camino hacia adelante. 

A veces tengo la sensación de que la luz cada vez ilumina menos colores. Y a la vez perdemos también nosotros nuestro colorido. Nos volvemos grises y olvidamos que hubo un día en el que no todo lo que nos rodeaba era gris. Pero todos estamos ocupados en vivir, en planear nuestro futuro, en ganar un dinero con el que mantendremos a nuestros hijos, y será en ese preciso instante cuando reparemos en cuál será el mundo que les dejaremos. Pero será tarde. Ya no habrá tiempo para destruir el muro y nuestro gris pasado nos aplastará contra él cómo las olas rompen contra las rocas. Habremos pensado tarde, y todo aquello por lo que luchamos en nuestra vida, todos los cimientos que construimos para nuestros hijos no soportarán la embestida.

Pero también me gusta pensar que ese momento aún no ha llegado, que aún estamos a tiempo de que todo cambie, que aún podemos tirar abajo el muro. Me gusta pensar que aún podemos redimirnos, que aún tenemos tiempo de pintar el mundo que dejaremos a nuestros hijos.

jueves, 16 de mayo de 2013

Sin ternura, el hueso tierno

Hay veces que un diminuto hueso en tu pollo asado te jode la comida. Y hay veces que una pequeña cosa, en tu vida, te nubla el cielo como en una canción de Maná. Son cosas poco importantes que, realmente, extraídas de contexto y miradas con perspectiva no tocan ningún punto vital. No te impiden la nutrición, ni amenazan tu sistema nervioso o cardiovascular; ni siquiera te pican un poco el diente. Pero te joden la comida. Y paras un segundo y te duele todo, a veces te mareas, notas un ritmo extraño en tu corazón, como si ambos ventrículos marcasen el ritmo de un charles de jazz. Y te mojas en tu propia lluvia. En tu propia puta lluvia. Y sabes que no existe. Y sabes que no queda bien escribir tacos en un blog, pero te apetece decir "puta mierda". Todos sabéis lo que es sentirse así porque, hasta los mas extravagantes en el planeta de la comida habéis probado alguna vez el pollo. Y si los vegetarianos no, al menos os han jodido bien.    

domingo, 28 de abril de 2013

La última nota

Y cuando sonó la última nota sintió erizarse el vello de todo su cuerpo. Cerró los ojos y se dejó llevar por aquella larga nota. El ultimo sonido de una sinfonía perfecta. Todo encajaba, cada uno de sus gestos, de sus movimientos, cada lágrima que resbalaba por su mejilla; todo formaba parte de la obra. Sintió torrentes de aire frío inundar sus pulmones mientras cálidos escalofríos le recorrían la espalda. Echó ligeramente su cabeza hacia atrás y cerró los ojos muy lentamente. Levantó los brazos invitando a la armonía a abrazarle y se sintió llena, completa, infinita. Mordió su labio inferior y le pareció que una ventisca hacía ondear su cabello. Su pecho ascendía con su profunda respiración y su vientre respondía con la misma tranquilidad. La nota final se perdió en lo infinito y entonces abrió los ojos y bajó los brazos, se puso en pié y perdió su mirada. Saboreó un par de segundos más el torrente de sensaciones y entonces secó sus lagrimas y caminó de vuelta al mundo, que siempre le pareció que necesitaba de más tiempo para menor armonía.

lunes, 15 de abril de 2013

Reflexión del cansado

¿Por qué he de escuchar lo que no me interesa? ¿por qué lo hago? ¿por qué nadie me para?¿por qué nadie le mata? Esas preguntas son, en mi opinión, uno de los grandes misterios de nuestro tiempo. Acostumbramos a escuchar a los mastuerzos que, en el autobús, hablan al final y para el conductor. Y los aguantamos todo el camino cuando, en nuestro interior, nuestro primer reflejo a sido saltar sobre ellos y, digámoslo así para no plasmar nuestro odio en sangre y carne picada, destruirlos. 

Esta reflexión, que en este momento le estará haciendo sonreír, o al menos eso espero, es mucho más profunda de lo que parece. Por supuesto tampoco es existencial, pero resulta importante aplicándola a situaciones mas importantes de nuestra vida como por ejemplo, la Universidad. Cuánta gente hemos encontrado, sentada a nuestra vera, en clase comentando, en un volumen mas o menos bajo, "menudo coñazo". La diferencia es que esa persona no tiene por qué estar ahí, podría haber elegido otros caminos que, con toda probabilidad, le habrían llevado mas lejos que a la institución de repartición de títulos  Llegados a este punto observamos una doble conexión con la reflexión inicial. Por un lado, ¿por qué tengo yo que soportar a una persona que no se interesa por el quid de la actividad de estar en clase, atender? Y por otro, ¿por qué, papás, no os dais cuenta de que vuestros hijos no tiene por que ingerir cosas que no les interesa con la promesa de un futuro mejor?

Y he aquí un mensaje, ser limpiador de fosas sépticas es tan noble como la abogacía o la medicina, y probablemente mas necesario y la vocación de muchas personas. 

domingo, 7 de abril de 2013

Reencuentro

Después de un largo e incomodo viaje, provocado por la estrechez de los asientos de la aeronave low cost, se encontró arrastrando sus maletas por el pulido suelo del aeropuerto. Las puertas se abrían solas, misterios de esa magia que conocemos como tecnología, y las miradas del resto de transeúntes no reparaban en nada a pesar de mirarlo todo. También él se sentía así  Le adelantaron ansiosos viajeros por ambos lados al cruzar el umbral de la puerta que separaba el país del manicomio internacional de gente que vuela, y fueron a abrazarse con sus seres queridos que esperaban sonriendo. También él esperaba ver a los suyos esperándole y, cosas de la gente normal, que efectivamente allí estaban. Exactamente igual que a todos en aquel aeropuerto sin cámaras de Hollywood. Los abrazó, preguntó, besó y volvió a abrazar una y otra vez y el pecho se le hinchó de alegría. Pero eso a ustedes no les importa, lo conocen y ya han reparado en lo que aporta un reencuentro.

lunes, 25 de febrero de 2013

Confesiones escocidas

Aunque los ojos le escocían a rabiar, no quería alejarse de su preciada maquina de computar. Se sentía obligado a estar allí, de la misma forma que el lobo se siente obligado a aullar a la blanca luna llena. Y casi él aullaba también, pero no de nostalgia, sino de escozor. Le escocían pero seguía escribiendo en su preciada maquina de computar, y aunque no sabía qué escribir tras lo escrito, él escribía. Cuando el escozor ocular se tornó en escozor de una zona también simétrica situada mas al sur de su anatomía, decidió desvelar el secreto de aquello que escribía. Exacto, han acertado, hablaba de sí mismo, es decir, de mi mismo; lo que al final es que de ser, somos ambos la misma persona en diferentes planos pero con un escozor ocular paranormal.