Todo estaba preparado. Sobre
la mesa las cartas, en su mente el éxito, en la de su público la expectación y
las ganas. En sus labios, las palabras del hechizo jugueteaban ansiosas, y allí
donde se almacena la magia la aguja marcaba "lleno". Había hecho ese
truco 100 veces; nada podía salir mal. Aun así, cerró los ojos, y rezó por que
saliese bien. Espiró. Inspiró. Y volvió a espirar. Entonces, cuando sintió la
magia salir de su pecho, pronunció las palabras mágicas. Pero una sombra asoló su mente y sus pensamientos colisionaron. Nadie aplaudió. La magia se evaporó.
La varita no funcionó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario