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martes, 18 de marzo de 2014

Calle Diván 21a

Así, como quien no quiere la cosa, me adentré en ese callejón. Les decía antes, un resfriado taponaba mi nariz, así que no recuerdo a que olía. Pero sería capaz de jurar que apestaba. ¿Se imaginan? Una calle atestada de recuerdos oscuros: algunos en los balcones, colgando como floreros de las barandillas; otros adelantándome silenciosamente, golpeándome con el hombro; también los había que se asomaban desde las pequeñas ventanas, y yo sabía que estaban ahí, pero no me daban miedo, la abertura era pequeña, no podrían salir. Pero por mis cojones que no me cogerían si lo hacían.
Yo caminaba, sin embargo. Caminaba escondiendo la cabeza hasta la nariz entre las solapas de mi tres cuartos. Aunque no hacía frio. Tenía los pelos de punta. Recuerdo brillantes recuerdos precipitándose al vacío, que paradójicamente acababan en el suelo, junto a mis pies. Algunos bajo ellos. Siempre se van los mejores, pensé. Y entre tanto buscaba una salida, pero no la veía, por los dedos con que escribo que en ese túnel no se atisbaba luz… En cualquier caso, el final ya lo conocen. No les quito mas tiempo.