Iñaki Gabilondo. 72 años. Periodista y maestro de periodistas. Sobra biografía si uno se ha sentado junto a él y le ha visto el aura.
La habitación en la que dos jóvenes periodistas le ofrecen la mano no
es suficiente para dar cabida a las tres. De sobriedad y serenidad la
suya, de emoción y congoja la nuestra. Iñaki Gabilondo aparca su smartphone sobre la
mesa del camerino del Teatro Circo de Murcia y levanta la cabeza sonriendo.
Así se encuentra uno con el maestro. Corresponde al saludo con placer
sincero. Una chispa brilla en sus ojos, acentuada por la mueca simpática
que se dibuja en su cara a modo de sonrisa. Ha visto a los alumnos y
como a tales se dirigirá a nosotros a lo largo de nuestra conversación. Un servidor enchufa la grabadora. Ansioso, nervioso, orgulloso y acongojado ante el poder del aura, entrevistador ante el maestro de la entrevista. Y empieza:
¿Qué le empuja al mundo del periodismo?
A mí me empuja al mundo del periodismo la radio. Cuando yo era pequeño no había televisión, la cual conocí cuando estaba en la universidad, pues antes no existía. Yo me crié alrededor de la radio, la magia para nosotros, como para los niños de ahora puede ser Internet. Yo soñaba con la radio y vivía cerca de radio San Sebastián,
de manera que cuando salía de casa veía la radio, que para mí era el
lugar idílico, el sueño de mi vida, era la que abría la ventana de un
mundo muy oscuro y malo. Entonces yo quería dedicarme a eso, no porque me atrajera el periodismo, que también, sino porque me atraía la radio. Por eso estudié periodismo. También la vocación periodística, pero sobre todo la fascinación por la radio que ha envuelto mi vida.
¿Cree usted que podríamos recurrir al tópico en el periodismo de
“cualquier tiempo pasado fue mejor”? ¿Cómo ve usted el panorama
periodístico actual?
El panorama actual es lamentable, desastroso, y se está manifestando con despidos, salarios de miseria, contratos basura, crisis absolutas en las empresas, etc. Pero no puedo aceptar lo de "cualquier tiempo pasado fue mejor".
Cuando Franco se murió yo tenía 33 años y 3 hijos, y hasta bastante
tiempo después de que yo terminara periodismo no fue posible hacer
información en la radio, de manera que cualquier tiempo pasado no fue
mejor. Lo cual no quiere decir que este no sea horrible. Y a efectos de angustia y de sensación de un horizonte negro es posiblemente muy difícil de comparar con ningún otro. Pero
lo que es muy difícil de comparar, porque ahora la gente no lo puede
imaginar, es cómo podía ser la radio sin la información, porque la única información era la que daba Radio Nacional de España a
las 2 y media y a las 10 y todos teníamos que conectar con esa emisora.
Y cómo era el mundo así, en el que no podías vivir con quien querías,
amar
a quien querías, besar a quien querías, ver las películas que querías…
eso la gente no se lo puede si quiera imaginar, por tanto, acepto lo de
que el momento actual es dramático, pero no lo de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".
¿Iñaki Gabilondo sería el que es si hubiera empezado su carrera en un momento como este?
Si
hubiera empezado en un momento como este lo primero que pasaría es que
sería mucho más joven de lo que soy ahora (risas). Como decía antes, el
momento en que yo empecé era peor que este, yo terminé la carrera en el
año 63 y quería trabajar en la radio, y pensaba que no tardaría la
oportunidad de poder hacerlo, y efectivamente, solo fueron 14 años de
espera. Lo digo para que cuando la gente observa nuestra vida como una
vida en la que todo fue muy suave.
Ahora
todo se ha complicado yo no le quito ningún dramatismo a este momento,
pero no mitifiquéis lo pasado, yo me pase muchos años viviendo la
amargura de haber elegido un oficio en el que parecía estar condenado a
no poder ejercerlo en toda mi vida. Entonces la gente se podía colocar,
pero si una persona que estudió química se podía colocar como empleada
de banco no parece que sea lo mejor ¿no? Era otra circunstancia… en todo
caso, hay un elemento que puede valer, tanto para aquel momento como
para este. Mi
experiencia entonces me sirve para comunicarla a esta generación: lo
que está pasando está pasando, es decir, se está marchando. No os creáis
que el tiempo que ahora estáis viviendo ha quedado ya instalado para
siempre, las cosas cambiarán, no sabemos en qué sentido porque lo vais a
cambiar vosotros, pero cambiarán. La impresión de que todo está cerrado
ya se tiene ahora como la tenía yo cuando terminé periodismo, que creí
que jamás conseguiría ejercer.
Hubo
un momento en el que nadie quería ser periodista, hubo un momento en
que todos querían ser periodistas, ahora nadie quiere ser periodista… no
hagáis caso a estas cosas que, inexplicablemente, un adulto como José
Ignacio Wert dijo “no os guieis solo por vuestra vocación, mirad también
dónde os podéis colocar”, un comentario completamente impropio de un adulto, porque si eres adulto has visto como este oficio no lo querían, de pronto todos lo querían, luego no… los arquitectos hace diez años eran las estrellas de la facultad y ahora están
todos en paro. Por tanto, no hagáis caso a los que dicen que hay que
elegir por lo que la coyuntura brinda porque la coyuntura no sabéis a
qué velocidad cambia y cuando tengáis mi edad os reiréis de los
pronósticos que os hicieron porque habrá cambiado, ¡a lo mejor a peor¡
Pero desde luego no se quedará igual.
Usted es uno de los periodistas que han probado el periodismo 2.0 con los videoblogs que hace en el país, ¿qué le parece esta nueva forma de hacer periodismo a través de Internet?
Bueno,
yo estoy haciendo el periodismo que he hecho siempre pero que se
distribuye a través de circuitos nuevos… como si hubiera trabajado con
palomas mensajeras, luego en moto y ahora en avión ¿no? Pero yo no he
cambiado de forma sustancial, lo que hago que es comentar la actualidad o contarla.
Respecto
a lo que significa la aparición de estos nuevos canales es que de
pronto el mundo entero se pone a tu disposición, y estamos viviendo una
circunstancia que inaugura un mundo completamente diferente y de pronto
todo, desde los tesoros de la biblioteca de Alejandría hasta todo lo que
en el mundo hay, está tu disposición. Es una casa que no tiene ventanas
ni puerta, los vientos baten de izquierda a derecha y se está
produciendo una transformación formidable. Lo que sí me gustaría
transmitir a la gente joven es que tenga en cuenta que estamos en el minuto cinco de partido, los
jóvenes que casi se han hecho ya adultos y han crecido con todos estos
fenómenos alrededor los dan por cerrados, por claros, por definidos, que
saben lo que significan… están viendo tan solo los primeros alientos
todavía, las transformaciones que se van a producir van a ser de tal
calibre que, ni yo que soy viejo, ni vosotros que sois jóvenes, lo vamos
a poder imaginar, porque va a una velocidad vertiginosa.
Por
lo tanto, lo único que digo es: se ha estrenado, por primera vez en la
historia de la humanidad, un mundo que está todo él abierto, que ha
transformado por completo todo –estamos empezando a sentir los primeros
temblores de ese terremoto- y que va a ser un cambio a la totalidad. No
creo que sea momento de darle mayor importancia, aunque es por supuesto
asombroso. Pero no deja de ser un medio nuevo en el que aparecen la
verdad y la mentira, lo noble y lo innoble, lo cierto y lo falso, todo
junto en un formidable barullo que con el paso del tiempo irá el ser
humano tratando de codificar para no quedar ahogado en esa tromba de
datos y hechos. Tengo
un hijo que la primera vez que fue a un hotel con bufé libre en el
desayuno se puso enfermo, porque empezó a comer descontroladamente. Así
aprendió que había que elegir. La gran complicación que le aguarda al
mundo es ver cómo se enfrenta a esta posibilidad. Yo lo sigo con
verdadera devoción y tengo todos los artilugios que puedo porque me
parecen divertidísimos pero, como os digo, estamos inaugurando un tiempo
todavía.
Efectivamente. Todos estamos notando que se acaba una época, aunque cada cual ve en su mundo cómo está acabando una cosa y empezando otra.
Ya que lo mencionamos, en su libro (El fin de una época) afirma haber
entendido que no es posible que se acabe el periodismo de calidad.
Lo
ha descubierto mucha gente que hace unos años, cuando apareció Internet, ya anunciaba el fin del periodismo porque cualquiera podía dar
información. Y ahora se han dado cuenta de que, precisamente porque
desde cualquier punto pueden llegar millones de señales, todas las
cuales aparecen igual de solventes y de insolventes, de ciertas y de
falsas, de entendibles y de incomprensibles, pasado un primer momento
de estupor la gente dijo: necesitamos más que nunca
el periodismo. Se estructurará de otra manera, se alzarán empresas que
no tendrán nada que ver con las que ahora hay, a lo mejor sois vosotros
los que os ponéis en el lugar del New York Times, pero el periodismo
seguirá siendo necesario porque la gente tendrá que saber en qué
personas, grupos o marcas ponen su confianza para que les sea
medianamente reconocible la información de ese formidable barullo. En
defensa propia, el ser humano reclamará el periodismo.
Lo que no tendrá nada que ver será el mecanismo estructural por el que se va a organizar, si tu creas una unidad informativa, la gente que te otorgue la confianza porque considera que, entre todo el barullo general, tú eres una pista porque hablas de una cosa segmentada o de una cosa grande, o pequeña, tú serás necesario para la gente que necesite referencia de solvencia.
El periodismo será imprescindible. Ya veremos si el New York Times, Le Monde, El País, etc., se adaptan a eso o no. Surgirán, como ya están surgiendo, millones de personas que se convertirán en los medios de referencia. Por ejemplo:
Carlos Boyero, puede gustarte o no, pero para la gente que le guste, en
el barullo general, será una referencia. Si tu tienes un valor de
referencia te podrán seguir y ese valor de referencia será una realidad
periodística, y esto ocurrirá en todos los ámbitos:
local, nacional, mundial o especifico de alguna cuestión en concreto.
Tendrás que acotar un territorio, plantar una bandera y ser reconocido
como solvente. Y el periodismo siempre será necesario, más ahora. Yo a veces digo, no sé si en el libro también, una cosa muy curiosa:
lo primero que escasea en una inundación es el agua potable. Y lo
primero que está escaseando en este momento de gran torrente informativo
es la información solvente, porque ya no te sabes fiar. Y, al igual que
no te atreverías a comerte un producto que no sabes quién te lo da,
pues tampoco la gente va a creerse la primera información que se les de;
aunque en un primer momento pareció que es lo que la gente iba a hacer,
pero en seguida se dio cuenta de que no. No es igual de fiable que yo
cuente una información porque me lo ha dicho una fuente fiable que
porque me lo ha dicho un tipo que iba tirado por la calle con setenta copas encima. El periodismo está seguro, lo que pasa es que hay que ver cómo se sale de este viaje.
Pasando de la crisis del periodismo a la crisis actual en todos sus
aspectos, ¿qué cualidades no deberían faltar en un político actual?
Yo
no creo que en un político actual deban ser necesarias cualidades
diferentes de las que cabe reclamar a un ciudadano actual. Y un
ciudadano actual tiene que ser consciente de su responsabilidad. En este
momento, en la acción colectiva,
nadie es solo un individuo, todos tenemos responsabilidad para con los
demás, necesitamos que el cirujano sea serio, que el arquitecto sea
serio, que el que te vende las naranjas sea serio, que el taxista sea
serio... no necesitamos algo demasiado diferente.
La
sociedad ha decidido exculparse colectivamente, y señalar a mil
gilipollas como los culpables universales. Proceden de nuestra sociedad,
de ahí han surgido, entonces, generalizando, todas las tropelías y
descaros que tenemos en la política las está haciendo el fontanero, el
lechero, el periodista, el tendero... Necesitamos, en el caso de la
política, hacer un gigantesco esfuerzo por erradicar este tipo de
español de todos los estamentos. Van a tener que hacer un viaje que yo
por el momento no se lo veo hacer. Se lo digo a muchos amigos que tengo
en la política, yo no puedo entender cómo siendo el reproche social tan
insistente y clamoroso siguen comportándose como si no hubiera pasado
nada.
Eso
es lo que a mí me preocupa más. Viven en unas burbujas tan cerradas que
ni siquiera este eco, que lo conocen, les hace cambiar. Lo tendrán que
hacer porque si no ocurrirá lo que está percibiéndose ya, que la gente,
al ver que la política le da la espalda, le de la espalda a la
política.
¿Cuál fue antes, la crisis del periodismo o la de la democracia?
La
crisis del periodismo y la crisis de la democracia proceden de unos
valores destrozados por un pensamiento político. Un pensamiento político
que convirtió al hombre en un consumidor y que decidió que, de toda la cantidad de elementos que compone nuestra personalidad, solo esta condición de consumidor nos acreditaba y que, por tanto,
solo el dinero iba a ser el principal valor. Se desató el dinero, se
dejó circulando de una manera completamente torrencial y se estableció
el crédito en el mecanismo para que tú, consumidor, pudieras ejercer como tal.
Se produce una distorsión sobre la realidad de la vida, los seres humanos somos más que eso. Ese pensamiento
lo ponen en circulación en los años 50 unos cuantos profesores que lo
desarrollan, y luego Reagan y Thacher, que con la caída del muro de
Berlín se creen coronados de victoria y que sus rivales han fracasado, y finalmente la supresión de la ley Glass-Steagall
deja a los bancos circulación plena, llegando al auge de este sistema.
Se produce así una fractura enorme en la democracia, una avería en el
periodismo, una avería en la economía, una avería en el mundo... un
conjunto de crisis que se originan por ese pensamiento.
La
única manera de solucionar esto es recuperar el respeto al ser humano
como el centro de las cosas y como un complejo producto en el que no
solamente hay que mirar su bolsillo o su cuenta corriente sino muchos
más elementos. Es esa determinación -que
decidió que el dinero era la madre de todas las cosas y que el ser
humano era sencillamente un comprador, un cliente, un potencial
comparador de muchos productos- la que produce unas extraordinarias averías,
porque procede de una distorsión terrible, una brutalidad derivada de
los que han saqueado la democracia, la política, el periodismo, todo. Esto no puede acabar bien por las buenas, deseo que acabe y que acabe bien, no va a ser por las buenas, tampoco espero que sea por las muy malas, pero va a tener que ser por la reacción de la gente, porque de otra forma no se puede hacer nada.
Gonzalo Sevilla Pérez y Álvaro Moreno Toro
16/10/2013