Menú

lunes, 15 de abril de 2013

Reflexión del cansado

¿Por qué he de escuchar lo que no me interesa? ¿por qué lo hago? ¿por qué nadie me para?¿por qué nadie le mata? Esas preguntas son, en mi opinión, uno de los grandes misterios de nuestro tiempo. Acostumbramos a escuchar a los mastuerzos que, en el autobús, hablan al final y para el conductor. Y los aguantamos todo el camino cuando, en nuestro interior, nuestro primer reflejo a sido saltar sobre ellos y, digámoslo así para no plasmar nuestro odio en sangre y carne picada, destruirlos. 

Esta reflexión, que en este momento le estará haciendo sonreír, o al menos eso espero, es mucho más profunda de lo que parece. Por supuesto tampoco es existencial, pero resulta importante aplicándola a situaciones mas importantes de nuestra vida como por ejemplo, la Universidad. Cuánta gente hemos encontrado, sentada a nuestra vera, en clase comentando, en un volumen mas o menos bajo, "menudo coñazo". La diferencia es que esa persona no tiene por qué estar ahí, podría haber elegido otros caminos que, con toda probabilidad, le habrían llevado mas lejos que a la institución de repartición de títulos  Llegados a este punto observamos una doble conexión con la reflexión inicial. Por un lado, ¿por qué tengo yo que soportar a una persona que no se interesa por el quid de la actividad de estar en clase, atender? Y por otro, ¿por qué, papás, no os dais cuenta de que vuestros hijos no tiene por que ingerir cosas que no les interesa con la promesa de un futuro mejor?

Y he aquí un mensaje, ser limpiador de fosas sépticas es tan noble como la abogacía o la medicina, y probablemente mas necesario y la vocación de muchas personas. 

domingo, 7 de abril de 2013

Reencuentro

Después de un largo e incomodo viaje, provocado por la estrechez de los asientos de la aeronave low cost, se encontró arrastrando sus maletas por el pulido suelo del aeropuerto. Las puertas se abrían solas, misterios de esa magia que conocemos como tecnología, y las miradas del resto de transeúntes no reparaban en nada a pesar de mirarlo todo. También él se sentía así  Le adelantaron ansiosos viajeros por ambos lados al cruzar el umbral de la puerta que separaba el país del manicomio internacional de gente que vuela, y fueron a abrazarse con sus seres queridos que esperaban sonriendo. También él esperaba ver a los suyos esperándole y, cosas de la gente normal, que efectivamente allí estaban. Exactamente igual que a todos en aquel aeropuerto sin cámaras de Hollywood. Los abrazó, preguntó, besó y volvió a abrazar una y otra vez y el pecho se le hinchó de alegría. Pero eso a ustedes no les importa, lo conocen y ya han reparado en lo que aporta un reencuentro.