Después de un largo e incomodo viaje, provocado por la estrechez de los asientos de la aeronave low cost, se encontró arrastrando sus maletas por el pulido suelo del aeropuerto. Las puertas se abrían solas, misterios de esa magia que conocemos como tecnología, y las miradas del resto de transeúntes no reparaban en nada a pesar de mirarlo todo. También él se sentía así Le adelantaron ansiosos viajeros por ambos lados al cruzar el umbral de la puerta que separaba el país del manicomio internacional de gente que vuela, y fueron a abrazarse con sus seres queridos que esperaban sonriendo. También él esperaba ver a los suyos esperándole y, cosas de la gente normal, que efectivamente allí estaban. Exactamente igual que a todos en aquel aeropuerto sin cámaras de Hollywood. Los abrazó, preguntó, besó y volvió a abrazar una y otra vez y el pecho se le hinchó de alegría. Pero eso a ustedes no les importa, lo conocen y ya han reparado en lo que aporta un reencuentro.
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