Y cuando sonó la última nota sintió erizarse el vello de todo su cuerpo. Cerró los ojos y se dejó llevar por aquella larga nota. El ultimo sonido de una sinfonía perfecta. Todo encajaba, cada uno de sus gestos, de sus movimientos, cada lágrima que resbalaba por su mejilla; todo formaba parte de la obra. Sintió torrentes de aire frío inundar sus pulmones mientras cálidos escalofríos le recorrían la espalda. Echó ligeramente su cabeza hacia atrás y cerró los ojos muy lentamente. Levantó los brazos invitando a la armonía a abrazarle y se sintió llena, completa, infinita. Mordió su labio inferior y le pareció que una ventisca hacía ondear su cabello. Su pecho ascendía con su profunda respiración y su vientre respondía con la misma tranquilidad. La nota final se perdió en lo infinito y entonces abrió los ojos y bajó los brazos, se puso en pié y perdió su mirada. Saboreó un par de segundos más el torrente de sensaciones y entonces secó sus lagrimas y caminó de vuelta al mundo, que siempre le pareció que necesitaba de más tiempo para menor armonía.
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