Hay veces que un diminuto hueso en tu pollo asado te jode la comida. Y hay veces que una pequeña cosa, en tu vida, te nubla el cielo como en una canción de Maná. Son cosas poco importantes que, realmente, extraídas de contexto y miradas con perspectiva no tocan ningún punto vital. No te impiden la nutrición, ni amenazan tu sistema nervioso o cardiovascular; ni siquiera te pican un poco el diente. Pero te joden la comida. Y paras un segundo y te duele todo, a veces te mareas, notas un ritmo extraño en tu corazón, como si ambos ventrículos marcasen el ritmo de un charles de jazz. Y te mojas en tu propia lluvia. En tu propia puta lluvia. Y sabes que no existe. Y sabes que no queda bien escribir tacos en un blog, pero te apetece decir "puta mierda". Todos sabéis lo que es sentirse así porque, hasta los mas extravagantes en el planeta de la comida habéis probado alguna vez el pollo. Y si los vegetarianos no, al menos os han jodido bien.
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