Ya sabéis que me gusta narrar mis historias en tercera persona, parece así que son sucesos más respetables. Tal vez por la posibilidad de lo fantástico a la que invita. Pero hoy no puedo. Sin duda porque mi corazón golpea desde el interior mi pecho, con mucha fuerza, y no puedo evitar decir que es mio, mio y de nadie mas. O tal vez si.
Suena ridículo pero ha sido Hollywood quien ha despertado en mi esa melodía cardíaca ayudado, claro está, por las últimas especias con las que me ha aderezado la vida estos meses. Hoy me he enamorado de la belleza misma, de lo imposible. Hoy he conocido la perfección de la mentira. Hoy he firmado una sentencia de muerte en soledad, y solo me queda esperar que esa sentencia tenga una fecha de caducidad. Y que sea pronto. Por Dios que sea pronto.
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