Abrió aquel libro que había estado tantos años acumulando polvo en la sucia estantería de sus recuerdos. Las tapas gritaron al articular el giro propio del objeto y él tuvo que hacer una fuerza que ningún otro libro que recordase le había cobrado. Sus manos, sudorosas por el esfuerzo, formaron una mezcla pegajosa con el polvo que cubría aquellas deterioradas tapas que pringó sus dedos. Ojeó las primeras páginas. Por lo que pudo ver, hablaban de un nacimiento pero, llegado el punto más interesante, todo quedaba en blanco. Pasó más páginas y ninguna más estaba escrita; excepto las últimas. Hablaban de una muerte y terminaban con un rotundo punto final. De pronto, lo entendió todo. Buscó en los cajones la vieja pluma de su padre, un objeto de tal elegancia y valor sentimental que siempre guardó como un tesoro. Solo un objeto así derrocharía la nobleza necesaria para aquello que se proponía.
Grande Álvaro,esperamos tu siguiente relato!!!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho, sigue así man.
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