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domingo, 4 de agosto de 2013

Psicosis

El brillo de la luz era intenso en la habitación. Golpeaba su pómulo derecho y rebotaba en todas las direcciones, contra cada muro, hasta llegar al espejo. Todo parecía un círculo sin final. Tenía la cara grasienta; eso le disgustaba. Decidió que tenía cosas más importantes en las que pensar que en el brillo de su pómulo y entonces reparó en que tenía unas ojeras tan oscuras que no contrastaban apenas con las cejas, colocadas simétricamente justo al otro lado de los ojos. Pero volvió a sentirse estúpido, había cosas más importantes en las que pensar. La puerta se abrió con un fuerte golpe, y un tipo enjuto, con una barba perfectamente recortada y una barriga prominente que destacaba sobre sus delgadas piernas, se introdujo rápidamente en la sala. Sonreía. Nada en el mundo le dolía más que ver a aquel hombre sonreír en ese momento. Pero decidió aguantar la compostura mientras su reciente compañía luchaba con su barriga para sentarse junto a la mesa.

-¿¡Cómo está mi cuñado!?-

sábado, 3 de agosto de 2013

En la mirada de un perro

En la mirada de un perro famélico y legañoso, no del sueño sino del llanto, estallaba un planeta. Mil cargas de diferentes explosivos detonaban en serie y en paralelo: de hambre, de odio, de pena, de soledad, de injusticia, de egoísmo y de banalidad. En la mirada de un perro ardía un planeta azul, verde y marrón, y ardían sus habitantes. Nada, en verdad, ocurría en kilómetros a la redonda, no se alcanzaba a ver ni un poco de nada horrendo, pero como les digo, el mundo ardía ya en la hambrienta y legañosa de tristeza mirada de un perro.