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martes, 21 de enero de 2014

El corazón de latón

Yo solo quería
escribir y que
me dejaran en paz.
Solo eso.
Escribir y sentirme
ligero como una pluma,
flotando en el aire.
Tal vez beber
un vaso de whiskey.
Con hielo,
solo es demasiado para mi.
Tal vez
un vaso de whiskey
estaría bien, si.
¿Sabe?
Cuando escribo
me purgo,
limpio mis pensamientos,
y,
por un rato,
cuando releo
lo escrito,
soy feliz.
Por eso me gusta
escribir. Y
es por eso
que me eran tan molestos.
¡Maldita sea,
yo solo quería escribir!
Por eso
me puse tan furioso.
Y por eso
tuve que matarlos.
Lo entiende,

¿verdad? 

domingo, 19 de enero de 2014

100% producto huertano

No cabe duda de que esta “huertica” nuestra es el símbolo de lo que somos, el estandarte de nuestra tierra; de la huerta salimos los murcianos, y de la huerta sale el producto del que más orgulloso estamos: el limón. De hecho, corren ciertas imágenes por las redes, con este fruto como protagonista, sobre el cariño que le tenemos, a modo de una simpática mofa. Nuestra navaja suiza, dicen que es; y no se equivocan. Como les decía, de la huerta es de lo que más orgulloso ha de estar un murciano. Y fruto de la huerta, aparte de los limones, también son los Bolos Huertanos.

Cuentan y suponen, con bastante posible fortuna, que los Bolos Huertanos nacen fruto del ingenio de -disculpen la inevitable redundancia- nuestros huertanos del siglo XV o XVI, que en un principio jugarían con tan solo tres bolos y un espacio sin delimitar, y para lanzar, pues pongamos que piedras. Campo liso y a juga’, dirían ellos. Repito que esto son suposiciones, no se sabe con certeza. Lo que sí se sabe es que hubo que prohibirlo, pues para darle mayor aliciente e incrementar la diversión, en ellos se realizaban pujas y apuestas –¿de quién pensaban que descienden los hombres de ahora?—, y también se generaban reyertas y peleas; motivo por el que fueron perseguidos y prohibidos. Así figura que ocurrió en el documento histórico más antiguo del que se tiene constancia y que se remonta a marzo de 1523:

"Por cuanto de pocos días a esta parte muchos vezinos desta çibdad y otros esclavos y moços juegan a los bolos muchas contias de maravedis y están ocupados en el juego, y sobrello an acaeçido questyones y heridas y cabsa mal exemplo, por ende mandaron que de oy en adelante personas algunas no jueguen a los bolos, so pena de tresientos maravedis, el terçio para las obras públicas, y el terçio para el acusador y el terçio para el juez que lo secutare. Y si fuere esclavo el que jugare, que en lugar de la pena le den çien açotes atado a vn naranjo de la casa de la Corte, y mandáronlo pregonar. Pregónese".
Y como en su momento hiciera Mahoma prohibiendo a sus seguidores aquello que daba problemas –en su caso el cerdo-, los diferentes miembros del Concejo de Murcia decidieron, aquel 21 de marzo, prohibir los Bolos Huertanos. Por supuesto los bolos no desaparecieron, todo siguió, como al fin y al cabo sigue todo lo prohibido, en secreto.

Hoy día, los Bolos Huertanos no se llevan en secreto y, sin embargo, no es realmente conocido por los murcianos, que si bien saben de su existencia, es poca la información que tienen de su funcionamiento. Los bolos de nuestra región se juegan en una superficie de tierra plana, rectangular, y que tiene de largo entre 34 y 38 metros. Casi nada. Los bolos –que no las bolas- son 9, alargados, de unos 70 cm, y se empinan en un extremo del campo en una hilada (fila) oblicua a la derecha o a la izquierda, que deje ver las “caras” de los bolos. Existen también otras posiciones en las que empinar los bolos, como al cuadro o en hilada junto a la pared. La bola que se tira es más o menos del tamaño de un balón de balonmano, de madera, de 1 kilo de peso y con líneas talladas. No quiero aburrirles con muchos datos, en definitiva acaban ustedes de conocer tan solo la base más mínima de los bolos huertanos, pues la cosa es mucho más profunda. Aunque nada que no se pueda aprender en una entretenida tarde de juego, que bien se puede acompañar de unas tapas y una cerveza. Se lo digo con total sinceridad, los Bolos Huertanos son, para los que lo practican, el equivalente a los bolos de los americanos: un juego de amigos, distendido y entretenido, sin grandes dificultades para tirar un bolo; no ya tanto para tirarlos todos.
      
       Pero permítanme que les siga introduciendo en la dinámica del juego. Las partidas en los Bolos Huertanos se llaman cotos, y cada coto se juega al que gane seis manos. En cada mano hay un jugador que se encarga de mudar los bolos, es decir, colocarlos o empinarlos de una de las distintas formas reglamentarias que prefiera, y otro encargado del mande, que consiste en elegir el punto exacto desde el que lanzará la bola y de qué forma, y el resto de jugadores habrán de tirar desde ese punto y de esa forma. En estas manos cada jugador lanza dos bolas, y para cada una se empinan todos los bolos, el jugador que más bolos tire se lleva la mano. El primero que llegue a seis manos se lleva el coto.  La base es sencilla. Las variantes y normas más estrictas se aprenden, como he dicho antes, jugando una tarde.
           
A sumergirme en este deporte me ha ayudado la que probablemente sea la persona más adecuada, el jugador más joven en jugar y en ganar la liga en la historia de los Bolos Huertanos. La persona más adecuada precisamente porque este deporte tiene mayor calado en personas de más edad. Su nombre es José Manuel Sojo Molina y a sus veintiún años ya ha ganado un torneo individual, dos de parejas, cuatro ligas, tres copas presidente y tres de los cuatro partidos de selecciones que ha disputado. Partidos, los de selecciones, que se juegan una vez al año. Lleva en este deporte desde los 8 años, cuando su padre “se lo llevaba” a ver los cotos, y para él, jugar a los bolos es “un hobby, el momento de evadirse y echar unas risas”, aunque su palmarés no refleje esa relajación.

Yo he tenido la fortuna de verlo jugar y les aseguro que no es tan sencillo como parece. Prueben a darle a un tronco, de un grosor menor que el de su brazo, a una distancia de cuarenta metros, con una bola de un kilo que cabe sin problemas en una mano. Y luego, prueben a tirar como lo hace él, como lo hacen ellos. Les aseguro que no es tan fácil.

No es por vanidad que José Manuel hable orgulloso del record de juventud que ostenta, eso puedo asegurárselo. Es por amor. Un amor que desde hace 13 años siente por un juego que amenaza con perderse, diluido por entre las rendijas que la juventud de hoy deja, desinteresada por lo antiguo, más aún por “un deporte de viejos”. Por eso es que José Manuel está orgulloso de ser el más joven, “porque significa que este deporte no se va a perder, aunque no nos den subvenciones, mientras haya jóvenes esto tiene futuro”. Un futuro que a decir verdad, no parece muy incierto cuando ves a personas como Álvaro tirar la bola. Álvaro es camarero de uno de los bares con juego de bolos, concretamente el de Casa Hilario, y entre bandeja y bandeja aprovecha para “echar unas bolas”. “Es así al fin y al cabo como se difunde y mantiene un deporte, con aficionados, no con profesionales”, y es verdad, el futbol no sería nada si no tuviese detrás una ingente cantidad de aficionados, los estadios serían gradas para cincuenta personas no para 50.000.

La liga de Bolos Huertanos se disputó este último año entre 19 equipos, y se la llevó el conjunto Mesón la Torre, ex equipo de José Manuel, mientras que el equipo en el que ha jugado este año, el Casa Hilario A, quedó a mitad de la tabla. Respecto a los cambios de equipo, y en general todo el aspecto extradeportivo de los bolos, cuenta que cada bar hace su equipo, poniéndose en contacto con los diversos jugadores. A los mejores, los bares y restaurantes ofrecen un dinero por la temporada que ha llegado, en algunos casos, a los 2000€; a este dinero se le puede sumar incluso un porcentaje de los premios ganados. Aunque José Manuel asegura que “el pago que más se suele dar es unas cervezas gratis”.

-¿Cuánto ganas tú Josema?- pregunté.
-He llegado a cantidades bastante decentes dentro de este mundo, pero eso no se dice-
-¿Y este año cuanto vas a ganar?-
-Eso depende de si sigo en este equipo o de si me marcho…-
-¿Hay ofertas?-
-Hay ofertas- dijo José Manuel entre risas.

Que haya ofertas hace temblar a sus compañeros del club, asustados aún por la incertidumbre sobre el futuro de su estrella.
           
Los Bolos Huertanos también tienen su lado oscuro. De hecho, el mismo lado oscuro que tenía antaño, cuando se prohibió. Así me lo dice José Manuel cuando le pregunto por lo malo, “es un juego de puteros y borrachos” dice riendo, “siempre lo han dicho, y en parte es verdad, hay muchos que van hasta las trancas y hay muchas peleas, rupturas de matrimonios, se juegan demasiado: el aperitivo, la comida, las copas, la botella, el dinero… no saben parar”.

Sobre el juego con dinero de por medio, son varias las cosas que merece la pena saber. En los Bolos Huertanos, el día de la Romería de la Virgen de la Fuensanta se juega a perra’, “y además es el día en el que más difusión tienen los bolos, es el día en el que los jóvenes más lo ven” dice José Manuel, “gracias a ese día siguen vivos”. Un apunte, el día de la Romería no se juegan cotos, se juegan manos, tantas como dinero haya, y se apuesta en función de cada mano, desde 10€, hasta 300€ la mano. Aunque los que apuestan no suelen ser los jugadores, cada jugador tiene un sponsor, que decide apostar por él, y dependiendo del trato entre uno y otro, el jugador percibe o no un dinero. “Yo he llegado a ganar 3600€ en unas horas” afirma José Manuel mientras asiente con el ceño fruncido, como queriendo aseverar que no se trata de una broma.
           
Los Bolos Huertanos son, en resumen, Murcia. Tienen mucho de nosotros, tanto que uno se pregunta si será bueno. Y a eso puedo decirles que sí, que es bueno, que no hay ningún sitio como Murcia, y que es verdaderamente maravilloso echar un coto en una tarde soleada, mientras se degusta una buena cerveza fresca, unas patatas y unas olivas. Que es una experiencia lanzar la bola, que caiga, que no tumbe ningún bolo, y que al girarte, sonriendo, oigas a alguien blasfemar herido por tu torpeza.