No cabe duda de que
esta “huertica” nuestra es el símbolo de lo que somos, el estandarte de nuestra
tierra; de la huerta salimos los murcianos, y de la huerta sale el producto del
que más orgulloso estamos: el limón. De hecho, corren ciertas imágenes por las
redes, con este fruto como protagonista, sobre el cariño que le tenemos, a modo
de una simpática mofa. Nuestra navaja suiza, dicen que es; y no se equivocan.
Como les decía, de la huerta es de lo que más orgulloso ha de estar un
murciano. Y fruto de la huerta, aparte de los limones, también son los Bolos Huertanos.
Cuentan y suponen, con
bastante posible fortuna, que los Bolos Huertanos nacen fruto del ingenio de
-disculpen la inevitable redundancia- nuestros huertanos del siglo XV o XVI,
que en un principio jugarían con tan solo tres bolos y un espacio sin
delimitar, y para lanzar, pues pongamos que piedras. Campo liso y a juga’, dirían ellos. Repito que esto son
suposiciones, no se sabe con certeza. Lo que sí se sabe es que hubo que
prohibirlo, pues para darle mayor aliciente e incrementar la diversión, en
ellos se realizaban pujas y apuestas –¿de quién pensaban que descienden los
hombres de ahora?—, y también se generaban reyertas y peleas; motivo por el que
fueron perseguidos y prohibidos. Así figura que ocurrió en el documento
histórico más antiguo del que se tiene constancia y que se remonta a marzo de
1523:
"Por
cuanto de pocos días a esta parte muchos vezinos desta çibdad y otros esclavos
y moços juegan a los bolos muchas contias de maravedis y están ocupados en el
juego, y sobrello an acaeçido questyones y heridas y cabsa mal exemplo, por
ende mandaron que de oy en adelante personas algunas no jueguen a los bolos, so
pena de tresientos maravedis, el terçio para las obras públicas, y el terçio
para el acusador y el terçio para el juez que lo secutare. Y si fuere esclavo
el que jugare, que en lugar de la pena le den çien açotes atado a vn naranjo de
la casa de la Corte, y mandáronlo pregonar. Pregónese".
Y como en su momento hiciera
Mahoma prohibiendo a sus seguidores aquello que daba problemas –en su caso el
cerdo-, los diferentes miembros del Concejo de Murcia decidieron, aquel 21 de
marzo, prohibir los Bolos Huertanos. Por supuesto los bolos no desaparecieron,
todo siguió, como al fin y al cabo sigue todo lo prohibido, en secreto.

Pero
permítanme que les siga introduciendo en la dinámica del juego. Las partidas en
los Bolos Huertanos se llaman cotos,
y cada coto se juega al que gane seis
manos. En cada mano hay un jugador que se encarga de mudar los bolos, es decir, colocarlos o empinarlos de una de las distintas formas reglamentarias que
prefiera, y otro encargado del mande,
que consiste en elegir el punto exacto desde el que lanzará la bola y de qué
forma, y el resto de jugadores habrán de tirar desde ese punto y de esa forma.
En estas manos cada jugador lanza dos
bolas, y para cada una se empinan
todos los bolos, el jugador que más bolos tire se lleva la mano. El primero que
llegue a seis manos se lleva el coto.
La base es sencilla. Las variantes y normas más estrictas se aprenden,
como he dicho antes, jugando una tarde.
Yo he tenido la fortuna
de verlo jugar y les aseguro que no es tan sencillo como parece. Prueben a
darle a un tronco, de un grosor menor que el de su brazo, a una distancia de
cuarenta metros, con una bola de un kilo que cabe sin problemas en una mano. Y
luego, prueben a tirar como lo hace él, como lo hacen ellos. Les aseguro que no
es tan fácil.
No es por vanidad que
José Manuel hable orgulloso del record de juventud que ostenta, eso puedo
asegurárselo. Es por amor. Un amor que desde hace 13 años siente por un juego
que amenaza con perderse, diluido por entre las rendijas que la juventud de hoy
deja, desinteresada por lo antiguo, más aún por “un deporte de viejos”. Por eso
es que José Manuel está orgulloso de ser el más joven, “porque significa que
este deporte no se va a perder, aunque no nos den subvenciones, mientras haya
jóvenes esto tiene futuro”. Un futuro que a decir verdad, no parece muy
incierto cuando ves a personas como Álvaro tirar la bola. Álvaro es camarero de
uno de los bares con juego de bolos, concretamente el de Casa Hilario, y entre
bandeja y bandeja aprovecha para “echar unas bolas”. “Es así al fin y al cabo
como se difunde y mantiene un deporte, con aficionados, no con profesionales”,
y es verdad, el futbol no sería nada si no tuviese detrás una ingente cantidad
de aficionados, los estadios serían gradas para cincuenta personas no para
50.000.
La liga de Bolos
Huertanos se disputó este último año entre 19 equipos, y se la llevó el conjunto
Mesón la Torre, ex equipo de José Manuel, mientras que el equipo en el que ha
jugado este año, el Casa Hilario A, quedó a mitad de la tabla. Respecto a los
cambios de equipo, y en general todo el aspecto extradeportivo de los bolos,
cuenta que cada bar hace su equipo, poniéndose en contacto con los diversos
jugadores. A los mejores, los bares y restaurantes ofrecen un dinero por la
temporada que ha llegado, en algunos casos, a los 2000€; a este dinero se le
puede sumar incluso un porcentaje de los premios ganados. Aunque José Manuel
asegura que “el pago que más se suele dar es unas cervezas gratis”.
-¿Cuánto ganas tú Josema?-
pregunté.
-He llegado a cantidades bastante
decentes dentro de este mundo, pero eso no se dice-
-¿Y este año cuanto vas a ganar?-
-Eso depende de si sigo en este
equipo o de si me marcho…-
-¿Hay ofertas?-
-Hay ofertas- dijo José Manuel
entre risas.
Que haya ofertas hace temblar a
sus compañeros del club, asustados aún por la incertidumbre sobre el futuro de
su estrella.
Los Bolos Huertanos
también tienen su lado oscuro. De hecho, el mismo lado oscuro que tenía antaño,
cuando se prohibió. Así me lo dice José Manuel cuando le pregunto por lo malo,
“es un juego de puteros y borrachos” dice riendo, “siempre lo han dicho, y en
parte es verdad, hay muchos que van hasta las trancas y hay muchas peleas,
rupturas de matrimonios, se juegan demasiado: el aperitivo, la comida, las
copas, la botella, el dinero… no saben parar”.
Sobre el juego con
dinero de por medio, son varias las cosas que merece la pena saber. En los
Bolos Huertanos, el día de la Romería de la Virgen de la Fuensanta se juega a perra’, “y además es el día en el que
más difusión tienen los bolos, es el día en el que los jóvenes más lo ven” dice
José Manuel, “gracias a ese día siguen vivos”. Un apunte, el día de la Romería
no se juegan cotos, se juegan manos, tantas como dinero haya, y se
apuesta en función de cada mano,
desde 10€, hasta 300€ la mano. Aunque
los que apuestan no suelen ser los jugadores, cada jugador tiene un sponsor,
que decide apostar por él, y dependiendo del trato entre uno y otro, el jugador
percibe o no un dinero. “Yo he llegado a ganar 3600€ en unas horas” afirma José
Manuel mientras asiente con el ceño fruncido, como queriendo aseverar que no se
trata de una broma.
Los Bolos Huertanos
son, en resumen, Murcia. Tienen mucho de nosotros, tanto que uno se pregunta si
será bueno. Y a eso puedo decirles que sí, que es bueno, que no hay ningún
sitio como Murcia, y que es verdaderamente maravilloso echar un coto en una tarde soleada, mientras se
degusta una buena cerveza fresca, unas patatas y unas olivas. Que es una
experiencia lanzar la bola, que caiga, que no tumbe ningún bolo, y que al
girarte, sonriendo, oigas a alguien blasfemar herido por tu torpeza.
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