En la mirada de un perro famélico y legañoso, no del sueño sino del llanto, estallaba un planeta. Mil cargas de diferentes explosivos detonaban en serie y en paralelo: de hambre, de odio, de pena, de soledad, de injusticia, de egoísmo y de banalidad. En la mirada de un perro ardía un planeta azul, verde y marrón, y ardían sus habitantes. Nada, en verdad, ocurría en kilómetros a la redonda, no se alcanzaba a ver ni un poco de nada horrendo, pero como les digo, el mundo ardía ya en la hambrienta y legañosa de tristeza mirada de un perro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario