Aunque los ojos le escocían a rabiar, no quería alejarse de su preciada maquina de computar. Se sentía obligado a estar allí, de la misma forma que el lobo se siente obligado a aullar a la blanca luna llena. Y casi él aullaba también, pero no de nostalgia, sino de escozor. Le escocían pero seguía escribiendo en su preciada maquina de computar, y aunque no sabía qué escribir tras lo escrito, él escribía. Cuando el escozor ocular se tornó en escozor de una zona también simétrica situada mas al sur de su anatomía, decidió desvelar el secreto de aquello que escribía. Exacto, han acertado, hablaba de sí mismo, es decir, de mi mismo; lo que al final es que de ser, somos ambos la misma persona en diferentes planos pero con un escozor ocular paranormal.
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