Ciertas cuestiones
gastronómicas,
o puede mas bien que
fisiológicas,
me han llevado a
plantearme
algunas ideas
bastante lógicas.
Les hablo de algo
poco poético,
de nombre pota,
raba, o jugo gástrico
en el suelo. Acto
harto comparado
con eso de llenar el
folio de sentido.
Y es que me
preguntan por mi felicidad
al escribir mis
infinitas boberías.
Pues parece teñida
de dolores,
de oscuridad y
aflicciones, la obra mía.
Por eso hablaba al
principio del comer,
para explicarles,
con concisión,
que uno no vomita lo
que quiere
guardar dentro del
estómago, o el corazón.
Y ahora que termino
me pregunto:
¿No será para el
paladar un gusto
si lo rico ingerido,
dulce o salado,
regresase a la boca
vomitado?
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