El asesinato
de Isabel Carrasco es un suceso grave, da miedo, y hay quien evoca los oscuros
tiempos del final de la segunda república. Mientras, en twitter, el escaparate de la opinión impune, la gente dice todo
tipo de barbaridades. Como siempre. Y esos ojos que ya miran con miedo sienten
la amenaza del caos. Más aún si esos ojos están en la cara de un/a político/a.
Este gobierno
ha demostrado con hechos que a la policía la tienen para usarla, y que si
tienen miedo añaden las leyes que haga falta. Claro que siempre por la
ciudadanía y su seguridad. Y ahí casi encaja aquello de “qué bueno es el caudillo
que hasta piensa por nosotros”. Con el miedo en el cuerpo nuestros políticos se
plantean regular la red social, donde nunca nadie se cortó lo mas mínimo en
soltar su particular berrido, supongo que por el miedo, de otra forma no
entiendo el por qué, y menos aún el para qué. Twitter es una red social donde prima el humor, y solo en ese
sentido se magnifica la voz de los que pían. Tiene más utilidades, sí, pero
todas ellas de poco impacto en la esfera pública. Prueba de esto es el caso de
la muchacha que aseguró tatuarse el nombre de quien asesinase a Rajoy –por
cierto, multada-, y el extraordinario número de sicarios que hoy, por su culpa,
persiguen al presidente del gobierno.
No seamos
estúpidos, twitter es un hito
tecnológico que ha cambiado las fórmulas de interacción social, pero los
comentarios en esta red no son peligrosos más allá de lo que lo son en las
octavillas de la política guerrillera o los megáfonos. Si tienen miedo, lo
entiendo, pero no es twitter lo que
está enfureciendo a las masas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario