Regalos. Montones de regalos y papel de regalos se amontonaban sobre la mesa del salón. Un hombre y su mujer miraban como sus hijos reventaban de ilusión por cada papel que rompían. Todo era alegría, el roscón esperaba en la cocina y el chocolate caliente se olía en cada rincón de la casa. Nada brillaba tanto como el árbol de navidad. Casi se podían ver pequeños elfos de la alegría correteando por la casa, y daba la sensación de que los camellos de los reyes magos se oían a lo lejos. Era un panorama maravilloso, y entonces cayó la bomba. Todos en un radio de un kilómetro murieron dejando sus troceados miembros enterrados bajo escombros. Esta vez sí que había caído cerca.
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